Ir al contenido principal

11 INCÓMODA DESPEDIDA



Mercedes se bañó y juntas salimos del estadio. Afuera, un monolítico Tomás el Moro nos esperaba. Había hecho su propia vigilia.
—¿Cómo está? —me preguntó.
—Pregúntame a mi tonto —dijo Mercedes —, aquí estoy.
—Perdón, es que pensé que estarías muy afectada.
—Solo fue un partido. Como puedes ver no estoy muerta.
La seguridad que Mercedes quería aparentar se derrumbó al poco rato. De nuevo las lágrimas aunque esta vez sin alaridos, solo un llanto discreto.
—Gracias por esperar, Tomás —le dijo ella.
—Mercedes, sabes que por ti daría todo —dijo él abrazándola.
—Tomás —dijo Mercedes mirándome —la niña nos está viendo, solo la vamos a confundir. Vámonos.
Hicimos camino a la casa. Llegamos algo tarde y ya todos los invitados estaban ahí. Había muchos compañeros de la escuela acompañados de sus padres. Eso no lo había previsto, tendría que evitar hacer locuras sobre el escenario, definitivamente aventarme sobre la batería estaba descartado.
Mercedes fue a cambiarse y yo me reuní con mi banda. Conectamos los instrumentos, hicimos una breve prueba de sonido y todo estaba listo.
Al poco rato, Mercedes salió de la casa y junto a ella apareció Luis Ontiveros, él la ayudó a sentarse y se dirigió al escenario donde estábamos nosotros. Tomó el micrófono, preguntó si ya estaba encendido y comenzó un discurso memorable:
—Señoras y señores. Hoy tuvimos una derrota dolorosa. Pero estarán de acuerdo de que Mercedes merece toda nuestra admiración. El saber levantarse es una característica de gente como nosotros, por eso forjamos un país donde podemos prevalecer. Mercedes es mi amiga y me ha dado una lección hoy: hay que levantarse. Mercedes, en unos días partirás a Londres. Ahí obtendrás la educación necesaria para sobresalir entre lo mejor de lo mejor de nuestra sociedad. Para mi hoy tú eres un ejemplo, una ganadora y una mujer increíble. Feliz cumpleaños.
El público aplaudió. Fue un momento feliz, pero aun así, yo no notaba a Luis como alguien contento, me parecía más como aquella vez que lo encontré en su casa semidesnudo con una mujer a medio drogar, y explicándome lo inexplicable.
—¡Oigan! —interrumpió Luis los aplausos —¡Esto es una fiesta! Les presentó ahora a la banda de mi hermano, Kindergarten, que tiene a una vocalista peculiar. Cuando todos la vemos por primera vez nos dan ganas de reírnos, pero luego de que canta… ya no nos reímos más, solo aplaudimos. Señoras y Señores, Ana Zeppelin y los Kindergarten —dicho esto Luis me dio el micrófono.
—Gra… gracias. Esta canción que vamos a tocar habla de algo muy personal para mí, pero quiero dedicárselo a mi amiga Mercedes —dije abiertamente, sin portada.
Y empezamos. “Fantasma” la tocamos con otro ritmo. Deben comprender, había papás por todos lados. Fuimos discretos. Pero eso le dio a “Fantasma” el toque melancólico del que había hablado Julio y, a todos esa noche nos permitió descubrir que mi voz había cambiado. Las hormonas, ya saben. Eso ayudó esa noche. Varios de los padres se me acercaron a decirme que debería tomar clases de canto y se referían a mí como señorita.
El día en que Mercedes se fue a Londres solo yo y Tomás el Moro la acompañamos. Sus padres debían trabajar y además su madre había dicho que no lo soportaría, ver a su hija partir era demasiado. Así, ella hizo todo lo necesario en el aeropuerto y platicamos antes de muchas cosas.
—Ana Zeppelin, cuídate mucho, no dejes que te ridiculicen, no dejes que nadie te insulte, eres una reina ¿me entiendes?  Debes ser fuerte y digna. Mantén la portada y el contenido en lo más alto.
—Eso hare —respondí segura.
—Bien. Cualquier problema que tengas acude a Luis, él te sabrá ayudar. Te voy a extrañar, tontita —dijo Mercedes.
—Y yo a ti —le respondí.
—¿Sabes porque Laura no fue al partido ni a mi fiesta de cumpleaños? —me preguntó ella.
—¿Le salió una verruga en la nariz? —bromeé.
 —Ja ja ja, no. Algo peor —dijo Mercedes seriamente.
—¿Qué cosa?
—Le dije qué pensaba de ella.
—¿Indiferencia? ¿Cómplices de sociedad? Debió haberse ofendido. Por eso no fue más —dije sorprendida.
—No, Ana. No fue eso. Pero sabes qué, ya no me importa. En Londres seré libre. Voy a darle más interés a lo que hay dentro que a la portada.
En ese momento Tomás el Moro nos interrumpió y le indicó a Mercedes que ya debía irse. Mi amiga miró el pasillo. Le dio un abrazo al Moro y le dijo —Gracias por ser tú.
 Tomás el Moro quedó en pie, pero les juro que lo vi llorar un poco. Entonces ella se concentró en mí.
  —Ana, se digna —dicho esto, acercó sus labios a mi mejilla y me besó. Tomó rumbo al pasillo y se perdió entre la gente.

Yo quedé ahí. Al lado del Moro, que también había quedado ahí. Esa gravedad enorme que era Mercedes dejaba a la deriva a sus dos satélites más cercanos. Nos dejaba solos. Juntó con Tomás regresé a casa.
—Tomás ¿Qué es lo que ella realmente quería? ¿Por qué no te quería a ti?
—Sí nunca te lo dijo a ti, yo no tengo derecho a revelártelo, pero te puedo decir, sin temor a equivocarme, que eso ya no importa. Digamos que encontró algo mejor.
—¿Londres? —pregunté inocente. Él no contestó.
Ya no me atreví a preguntar más.
El verano de ese año es el más corto que recuerdo, se me fue entre ensayos y actividades tan variadas y nuevas para mí que realmente hicieron que pensara por un tiempo que mi mundo era ese, el de la opulencia. La vida era intensa y solo esperaba regresar a clases. Estaba algo nerviosa porque Mercedes había dicho que yo heredaría un reino. Por otro lado, el sentimiento hacía Alberto, curiosamente, se intensificó a pesar de que no lo veía, pero lo sentía cerca y estaba convencida de que lo encontraría de nuevo. Ese verano, pocas horas las pasé en casa y no vi un solo programa de televisión en esos mágicos días.

Comentarios

Entradas populares de este blog

12 HAPPY BIRTHDAY

La fascinación por el inicio del nuevo grado se sentía por todos lados, ya saben ese sentimiento incomodo del regreso al trabajo. El ver otra vez a los maestros, hacer las tareas, el fin del sueño del verano de 1992. Yo tenía por mi parte mucha presión. En el pasillo me encontré con Ricardo, él me tomó por la cintura y me besó. Tuve que soportarlo, era parte del protocolo, se suponía que todos debían envidiarnos. Sé que a muchos eso de ser la reina les parecerá muy estúpido, seguramente no pasa esto en la mayor parte de las escuelas o es algo mucho más sutil, pero aquí, en la escuela de los Ontiveros, eso de tener una figura inalcanzable y con autoridad era algo indispensable para el funcionamiento correcto de su mundo. Solo piénsenlo, esta gente se prepara para ser los líderes del país, deben manejar grandes empresas, administrar millones de dólares; deben ser implacables y aprender cuando usar la compasión y cuando cortar con la guillotina. Siempre tenía en mente lo que Merce...

13 COMO TODO SE FUE AL CARAJO

Un día de noviembre todo se fue al carajo de la manera más ridícula. Estaba yo en el grupo de debates y una chica de mi séquito me advirtió que había problemas afuera de la escuela. —¡Una pelea! —gritó ella. Otra pelea, estos niños, ¿no podían aprender a resolver sus diferencias pacíficamente? Salí al patio y no vi nada, pensé —otra vez es afuera. En efecto, afuera estaban, para mi sorpresa, Jafet, Patiño y Tomás el Moro. Los tres acorralaban contra la pared a un pobre chico de la 113, lo identificabas por su suéter verde, al verlos a ellos pensé que todo sería tranquilo y quizás ya lo habían solucionado. —¿Jafet que pasa?— le pregunté a la distancia. Él me escuchó, pero no me contestó, estaba en estado de alerta. —¿Qué pasa aquí Moro? —traté con Tomás. —Quédate atrás Ana, no te metas —me dijo el Moro —¡Déjamelo a mí! ¡Déjamelo a mí! —decía Patiño. A todos ellos los rodeaba un gran número de chicos tanto de mi escuela privada como de la 113, algunos adultos miraba...

23 EPÍLOGO

“Me llamó Ana Grajales y tengo treinta y dos años. Los últimos diecisiete años de mi vida los he vivido en Europa, primero en Inglaterra y luego en España. Según algunos, soy cantante de rock, según otros una loca irremediable. Hoy es la primera vez que regresó a México, mi país natal. “Viví en la ciudad de México durante quince años. Mi madre murió cuando yo tenía siete. Vivíamos en esa casa. Esa era la ventana de mi cuarto, como pueden ver era una casa pequeña, de esas que obtienes por créditos estatales, al menos así era antes, no estoy enterada de cómo es ahora. La casa ya no es nuestra, pero sigue habitada. En ese rincón mi papá tenía un puesto de comida, tacos y esas delicias.” “Mi papá vive conmigo en España, lo convencí de estar allá hace siete años y puso un pequeño restaurante. Siempre me apoyó con lo de la música aunque en mis comienzos se lo mantuve en estricto secreto. Mi tío murió de diabetes en 2003. Vivió para ver la caída de las Torres Gemelas. Él fue el prim...