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Mostrando entradas de noviembre, 2018

6 TRANSFORMACIÓN

El mundo giraba y yo era parte de él. Traté de concentrarme en clase donde veíamos literatura. El profesor nos presentó a Shakespeare, apellido raro ese. Al ver nuestra ignorancia nos trató de dar más pistas… ¿Romeo y Julieta? Ahora sí todos estábamos sintonizados. La más dulce y triste historia de amor era crédito de un inglés, qué irónico. Me sentí aliviada cuando supe que tendríamos que conseguir la obra de teatro y leerla, pues yo ya la había leído hace años, pero en aquel entonces solo me había provocado fascinación el suicidio y las casualidades, mientras que la parte del amor me había pasado de largo. Así que decidí que, dado mi estado actual de enamorada, tendría que combinar su lectura con las tribulaciones del joven Weather. La campana sonó y cerca de quinientos alumnos de entre doce y quince años arremetieron contra la única salida de la escuela. Llegué al punto pactado con Mercedes, pero esta no estaba ahí, así que saqué mi libro de Goethe y comencé a leer. Al poco ...

5 DESCUBRIÉNDOSE A UNA MISMA

A la mañana siguiente desperté con el ánimo a tope. Me vestí rápido con la falda tableteada y el opaco suéter del uniforme que tanto odiaba. En el baño me enjuagué la cara y tomé el cepillo de siempre para desenredar mi cabello. Ahí estaba yo en el espejo. Vi mis ojos cafés, mi pelo castaño claro y enredado y mi nariz que a pesar de tener el tabique un poco saltado mantenía una forma bonita. Lo que no me gustaba eran esos granos rojos en mi frente y barbilla; los odiaba, pero esa mañana me parecieron menos feos. —¡Hija —me gritó mi papá desde afuera —, date un baño por el amor de Dios; tu tío ha estado fumando y toda tu ropa de ayer apesta a cigarro. Me preocupé. ¿Había sido descubierta? No, mi padre había culpado a mi tío. Era probable que mi padre hubiera encontrado la ropa sucia y notado el desagradable olor, debió ir molesto con mi tío a reclamarle lo de fumar mariguana y, seguramente, mi tío había aceptado la culpa para protegerme de un castigo feroz. En fin, abrí la reg...

4 UN TÍO BORRACHO

Cuando llegue a casa había luz, si bien mi padre aún estaba ahí. Mi tío yacía en el suelo, recargado sobre la pared con una Corona medio vacía en mano. Me emocionó verlo, pero también me extrañó que no usara las sillas del comedor para sentarse. —¡Tío!, ¡no me lo vas a creer! ¡Canté frente a miles de personas! ¡Fuimos un éxito! ¡Era demasiado…! —Ey, ey, vamos por pasos… —Tío, ¿estás borracho? —Soy culpable, mi reina. Pero primero hablemos de ti. ¿Cómo está eso de que tocaste frente a miles de personas? Como pude, describí con mi limitado vocabulario todo lo del concierto, el público, las canciones, el tufo a mariguana y la opulencia grosera de los Ontiveros. Mi tío escuchaba atento con sus ojos vidriosos en cuyos globos resaltaban claramente los vasos sanguíneos. Era evidente que no había dormido. —Mi niña —me dijo al tiempo que se levantaba y se acercaba al refrigerador a tomar otra cerveza —, ¿eso que me cuentas es verdad? Suena bastante increíble, pero está bien. S...