El mundo giraba y yo era parte de él. Traté de concentrarme en clase donde veíamos literatura. El profesor nos presentó a Shakespeare, apellido raro ese. Al ver nuestra ignorancia nos trató de dar más pistas… ¿Romeo y Julieta? Ahora sí todos estábamos sintonizados. La más dulce y triste historia de amor era crédito de un inglés, qué irónico. Me sentí aliviada cuando supe que tendríamos que conseguir la obra de teatro y leerla, pues yo ya la había leído hace años, pero en aquel entonces solo me había provocado fascinación el suicidio y las casualidades, mientras que la parte del amor me había pasado de largo. Así que decidí que, dado mi estado actual de enamorada, tendría que combinar su lectura con las tribulaciones del joven Weather. La campana sonó y cerca de quinientos alumnos de entre doce y quince años arremetieron contra la única salida de la escuela. Llegué al punto pactado con Mercedes, pero esta no estaba ahí, así que saqué mi libro de Goethe y comencé a leer. Al poco ...