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Mostrando entradas de octubre, 2018

3 CAMINO A CASA

Luis me había facilitado dinero suficiente para tomar un taxi de ida y vuelta de extremo a extremo de la ciudad. Se notaba que el chico jamás había tomado un taxi a no ser los que te llevan del aeropuerto a tu casa. A pesar de ello, decidí caminar de nueva cuenta; la ventaja de la fiesta donde se había dado mi debut, era que estaba ubicada cerca de mi casa. Sabía que la residencia de Luis también estaba cerca al igual que la zona de los arrabaleros. Eran estas barrancas inestables un nutrido mosaico de clases sociales, en una ladera estaban los olvidados, los de casas de cartón, improvisados cuartos de ladrillo y tinacos de asbesto. En la siguiente ladera, separados solamente por un río cuyo cauce estaba lleno de basura, estaban los pudientes, personas con grandes casas, verdes jardineras con flores, autos de lujo y casetas de vigilancia. Yo no pertenecía a ninguno de los dos mundos. La clase media a la que yo pertenecía, ocupaba esa difusa intermitencia entre los extremos de l...

2 DEBUT

Arriba del escenario miré esa mole de gente que se me veía encima. Eran una mezcolanza rara de adolescentes, varios de ellos, con cerveza en mano, luchaban por un poco más de espacio para poder respirar. Hasta entonces tomé conciencia de la extensión de ese prado verde sobre el que estábamos todos, cuando no era sede de una fiesta esto debía ser comúnmente un pequeño campo de fútbol con acceso restringido pues una barda de maya lo separaba de la infinitud de la calle. Y sobre esa grama verde, que podía verse en pequeños manchones entre el mar de gente, estábamos todos. El escenario era una tarima improvisada con andamios y tablones, en su superficie había una cantidad de cables de cubierta negra que conectaban no sé qué cosas con recónditos rincones en quien sabe que parte. Por si las dudas, una lona nos cubría de las inclemencias del sol de la tarde y la posibilidad de lluvia. El sonido de alarido que habían exhalado todos en cuanto vieron movimiento en el escenario se extin...

I RECLUTA

Pasaba por la tienda de discos que está camino de mi casa a la escuela, cuando lo escuché. Sucio, salvaje, agresivo. Me llegó al fondo, me hizo añicos la niñez en pocos segundos y me atrapó para siempre, fue una violación placentera por mis oídos. Tiré mis útiles en el suelo y entré a la tienda a preguntar qué demonios era eso. —Nirvana —me dijo el de la tienda —, Smell’s like a teen spirit , acuérdate de este momento, niña, octubre de 1991, nunca lo olvides, estos harán época. Al instante me mostró la tapa de la versión en disco compacto, nueva, aún cubierta por plástico celofán. —Lo quiero —dije sin pensar. Me mencionó el costo y le dije, no sin cierta vergüenza, que en realidad quería la versión en casete porque mi padre no ganaba aún lo suficiente para que tuviéramos un reproductor musical de discos compactos. De hecho, un Walkman, regalo de cumpleaños de una de mis tías más lejanas y hurañas era mi única posibilidad de tener algo de música en mi vida; para mí, ese ...