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4 UN TÍO BORRACHO



Cuando llegue a casa había luz, si bien mi padre aún estaba ahí. Mi tío yacía en el suelo, recargado sobre la pared con una Corona medio vacía en mano. Me emocionó verlo, pero también me extrañó que no usara las sillas del comedor para sentarse.
—¡Tío!, ¡no me lo vas a creer! ¡Canté frente a miles de personas! ¡Fuimos un éxito! ¡Era demasiado…!
—Ey, ey, vamos por pasos…
—Tío, ¿estás borracho?
—Soy culpable, mi reina. Pero primero hablemos de ti. ¿Cómo está eso de que tocaste frente a miles de personas?
Como pude, describí con mi limitado vocabulario todo lo del concierto, el público, las canciones, el tufo a mariguana y la opulencia grosera de los Ontiveros. Mi tío escuchaba atento con sus ojos vidriosos en cuyos globos resaltaban claramente los vasos sanguíneos. Era evidente que no había dormido.
—Mi niña —me dijo al tiempo que se levantaba y se acercaba al refrigerador a tomar otra cerveza —, ¿eso que me cuentas es verdad? Suena bastante increíble, pero está bien. Si sí, te creo. Y el olor a mariguana es auténtico, antes de que llegue tu padre te cambias la ropa. Ahora bien, esos Ontiveros no me agradan, pero si actualmente son tu banda, lo respeto y te apoyo, qué diablos. Vas a necesitar ser muy lista, reina mía; eres muy pequeña para ese mundo.
—Sé quién me asesorará… Tú. ¡Eres un gran guitarrista!
       —Y tú una niña. Escucha, solo ten cuidado, ¿quieres?, y cuéntame todo, cada detalle.
—¡Entonces también te debo decir que estoy enamorada!—. Mi tío me lanzó una mirada de preocupación.
—No será uno de esos Ontiveros, ¿verdad?
—No, se llama Alberto y vive… aquí por la casa. Va en la 113, aquí a la vuelta.
—¿Y son novios?
—No, aún no. Solo nos dijimos… bueno en realidad no nos dijimos mucho. Pero ¡sé que me quiere!
Mi tío destapó su nueva cerveza y luego de darle un trago grande, me invitó a sentarme en el sofá.
—Mi niña, debo hacerte una advertencia sobre el amor. Está lleno de mitos. Ojo, los mitos no son mentiras. Un mito y una mentira no son lo mismo. Quizás hoy pienses que es lo mejor del mundo, tu corazón late rápido y tienes esa miel en el alma que hace que la vida parezca un idilio. Muchas canciones se han escrito sobre eso, pero, tú lo sabes, la mayor parte de las canciones hablan de desamor. El desamor es amargo, áspero, insoportable. Nos hace llorar, si no tienes buenos cimientos, te puede llevar a la locura. He conocido grandes hombres que caen al infierno por el desamor. Por eso, mi niña, nunca pierdas el más grande amor de todos: el que se siente por uno mismo. Ese debes alimentarlo, pero no hasta el punto del narcisismo. Ama la vida, elévate por sobre la simpleza del pensamiento humano y mira las cosas desde distintos puntos de vista… Nunca te pierdas en el océano del amor, del prejuicio, de la desigualdad o las generalidades, porque el amor es una energía dual ¿Sabes cuál es su opuesto?

—El odio —contesté, no había sido una pregunta difícil.
—Exacto. El amor es desequilibrio, cuando como humanos alcancemos a desarrollar todas nuestras capacidades y no necesitemos de estas fuerzas para mantener un balance, nos será completamente obsoleto. Por eso mismo, no te pierdas, mi reina, no lo hagas…
—Pero, tío, tú estás deprimido por desamor.
—Sí, eso les dije. ¿Ves? Eso pasa cuando dices mentiras. Ajá… Un día sabrás porque regresé Ana, se los diré a tu padre y a ti, pero por el momento, por favor, no me hagas preguntas y no comentes esto con tu padre.
La inesperada confesión de mi tío abrió un boquete en mi percepción de su persona. ¿Qué ocultaba?  Mi tío era demasiado bueno como para hacer el mal. Él mismo me hablaba del amor y cómo no perderse en él, lo cual significaba que era una persona sensata. Aun así me quedaba una pregunta:
—Tío, ¿cómo haré para no perderme en el amor y ver la vida desde diferentes puntos de vista?
—Ah sí, eso es complicado; tendrá que ser poco a poco. Por suerte has desarrollado el hábito de leer. Veamos… ¿a quién te presentaré primero? Quisiera que conocieras a Marx, pero no creo que estés lista.  Mmm… quizás algo más para tu estado actual, de enamorada. Debo tener a algún romántico por aquí… Ah sí, Von Goethe, Las tribulaciones del joven Werther. Toma. Cuando termines me avisas y pasaremos al siguiente.
—Tío, ¿de dónde sacaste tantas cosas?
—De aquí y de allá. ¿Sabes?, también compraremos el periódico todos los días; eso de desayunar viendo caricaturas no es muy provechoso.
—El periódico solo lo leo para mis tareas y nada más dice cosas lamentables del mundo.

—Así es, solamente dice cosas lamentables del mundo, pero comprender el porqué de esas cosas que pasan es nuestra labor para no verlas de forma superficial. Siempre hay que ver más allá de lo que nuestra vista alcanza, reina mía. Pronto, ante ti, caerá la máscara que siempre has visto del mundo y verás que siempre has vivido en una mentira. Dejarás de ser una esclava.
No entendía muy bien las palabras de mi tío en aquel entonces. Hacía un esfuerzo sobre humano para no perder detalle de lo que decía, pero me resultaba extenuante. Aun así, esa misma noche comencé a leer lo que le había pasado al joven Weather.
Mi padre llegó y corrí al baño para quitarme la ropa que según mi tío apestaba a mariguana. Me puse la pijama y me acosté ya un poco tarde. Envuelta en las cobijas, miré el techo en la oscuridad de mi cuarto y le conté a mi mamá todo lo que había pasado… y así me quedé dormida.

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