Cuando
llegue a casa había luz, si bien mi padre aún estaba ahí. Mi tío yacía en el
suelo, recargado sobre la pared con una Corona medio vacía en mano. Me emocionó
verlo, pero también me extrañó que no usara las sillas del comedor para
sentarse.
—¡Tío!, ¡no
me lo vas a creer! ¡Canté frente a miles de personas! ¡Fuimos un éxito! ¡Era demasiado…!
—Ey, ey,
vamos por pasos…
—Tío, ¿estás
borracho?
—Soy
culpable, mi reina. Pero primero hablemos de ti. ¿Cómo está eso de que tocaste
frente a miles de personas?
Como pude,
describí con mi limitado vocabulario todo lo del concierto, el público, las
canciones, el tufo a mariguana y la opulencia grosera de los Ontiveros. Mi tío
escuchaba atento con sus ojos vidriosos en cuyos globos resaltaban claramente
los vasos sanguíneos. Era evidente que no había dormido.
—Mi niña —me
dijo al tiempo que se levantaba y se acercaba al refrigerador a tomar otra
cerveza —, ¿eso que me cuentas es verdad? Suena bastante increíble, pero está
bien. Si sí, te creo. Y el olor a mariguana es auténtico, antes de que llegue
tu padre te cambias la ropa. Ahora bien, esos Ontiveros no me agradan, pero si actualmente
son tu banda, lo respeto y te apoyo, qué diablos. Vas a necesitar ser muy
lista, reina mía; eres muy pequeña para ese mundo.
—Sé quién me
asesorará… Tú. ¡Eres un gran guitarrista!
—Y
tú una niña. Escucha, solo ten cuidado, ¿quieres?, y cuéntame todo, cada
detalle.
—¡Entonces
también te debo decir que estoy enamorada!—. Mi tío me lanzó una mirada de
preocupación.
—No será uno
de esos Ontiveros, ¿verdad?
—No, se
llama Alberto y vive… aquí por la casa. Va en la 113, aquí a la vuelta.
—¿Y son
novios?
—No, aún no.
Solo nos dijimos… bueno en realidad no nos dijimos mucho. Pero ¡sé que me
quiere!
Mi tío
destapó su nueva cerveza y luego de darle un trago grande, me invitó a sentarme
en el sofá.
—Mi niña,
debo hacerte una advertencia sobre el amor. Está lleno de mitos. Ojo, los mitos
no son mentiras. Un mito y una mentira no son lo mismo. Quizás hoy pienses que
es lo mejor del mundo, tu corazón late rápido y tienes esa miel en el alma que
hace que la vida parezca un idilio. Muchas canciones se han escrito sobre eso,
pero, tú lo sabes, la mayor parte de las canciones hablan de desamor. El
desamor es amargo, áspero, insoportable. Nos hace llorar, si no tienes buenos
cimientos, te puede llevar a la locura. He conocido grandes hombres que caen al
infierno por el desamor. Por eso, mi niña, nunca pierdas el más grande amor de
todos: el que se siente por uno mismo. Ese debes alimentarlo, pero no hasta el
punto del narcisismo. Ama la vida, elévate por sobre la simpleza del pensamiento
humano y mira las cosas desde distintos puntos de vista… Nunca te pierdas en el
océano del amor, del prejuicio, de la desigualdad o las generalidades, porque el
amor es una energía dual ¿Sabes cuál es su opuesto?
—El odio
—contesté, no había sido una pregunta difícil.
—Exacto. El
amor es desequilibrio, cuando como humanos alcancemos a desarrollar todas
nuestras capacidades y no necesitemos de estas fuerzas para mantener un
balance, nos será completamente obsoleto. Por eso mismo, no te pierdas, mi
reina, no lo hagas…
—Pero, tío,
tú estás deprimido por desamor.
—Sí, eso les
dije. ¿Ves? Eso pasa cuando dices mentiras. Ajá… Un día sabrás porque regresé
Ana, se los diré a tu padre y a ti, pero por el momento, por favor, no me hagas
preguntas y no comentes esto con tu padre.
La
inesperada confesión de mi tío abrió un boquete en mi percepción de su persona.
¿Qué ocultaba? Mi tío era demasiado
bueno como para hacer el mal. Él mismo me hablaba del amor y cómo no perderse
en él, lo cual significaba que era una persona sensata. Aun así me quedaba una
pregunta:
—Tío, ¿cómo
haré para no perderme en el amor y ver la vida desde diferentes puntos de
vista?
—Ah sí, eso
es complicado; tendrá que ser poco a poco. Por suerte has desarrollado el
hábito de leer. Veamos… ¿a quién te presentaré primero? Quisiera que conocieras
a Marx, pero no creo que estés lista.
Mmm… quizás algo más para tu estado actual, de enamorada. Debo tener a
algún romántico por aquí… Ah sí, Von Goethe, Las tribulaciones del joven
Werther. Toma. Cuando termines me avisas y pasaremos al siguiente.
—Tío, ¿de
dónde sacaste tantas cosas?
—De aquí y
de allá. ¿Sabes?, también compraremos el periódico todos los días; eso de
desayunar viendo caricaturas no es muy provechoso.
—El
periódico solo lo leo para mis tareas y nada más dice cosas lamentables del
mundo.
—Así es,
solamente dice cosas lamentables del mundo, pero comprender el porqué de esas
cosas que pasan es nuestra labor para no verlas de forma superficial. Siempre
hay que ver más allá de lo que nuestra vista alcanza, reina mía. Pronto, ante
ti, caerá la máscara que siempre has visto del mundo y verás que siempre has
vivido en una mentira. Dejarás de ser una esclava.
No entendía
muy bien las palabras de mi tío en aquel entonces. Hacía un esfuerzo sobre humano
para no perder detalle de lo que decía, pero me resultaba extenuante. Aun así,
esa misma noche comencé a leer lo que le había pasado al joven Weather.
Mi padre
llegó y corrí al baño para quitarme la ropa que según mi tío apestaba a
mariguana. Me puse la pijama y me acosté ya un poco tarde. Envuelta en las
cobijas, miré el techo en la oscuridad de mi cuarto y le conté a mi mamá todo
lo que había pasado… y así me quedé dormida.

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